jueves, 28 de marzo de 2013

domingo, 24 de marzo de 2013

MICROCUENTO (II)


El anciano regresó a su pueblo con la mente puesta en una inminente despedida. Observó el campo ceniciento, antaño labrado por sus ajadas manos. Desde el asiento trasero del coche que lo devolvía a la capital se oyó un susurro apenas audible: ahora el campo está de luto.

sábado, 16 de marzo de 2013

MICROCUENTOS

MICROCUENTO (I)

-Las palabras salieron de su boca, extendieron sus alas y volaron hasta posarse en los oídos de su amada.

martes, 12 de marzo de 2013



Tengo el privilegio de rodearme de muchos familiares, amigos y conocidos docentes de profesión; muchos de ellos, la mayoría, desempeñan su labor en la escuela pública.

Son todos ellos, me consta, docentes por vocación que instruyen, cuidan y muchas veces hasta educan a nuestros vástagos, cumpliendo con deberes y obligaciones que las más de las veces deberían de ser parte de la educación paterna. ¿Quién debe enseñarles a no mentir, no robar, a respetar al prójimo aun no compartiendo sus ideas? ¿Quién debe mostrarles el valor del esfuerzo y la satisfacción de la recompensa por un trabajo bien hecho? Esa es una labor esencial, es la tierra sobre la que caerá la semilla que hará germinar la instrucción de nuestros hijos y así, el día de mañana serán individuos pensantes, con sus propias ideas, con sus fallos y sus aciertos.

No estoy de acuerdo, en absoluto, con la imagen denostada que nos venden del profesor. Los acusamos, injustamente, de tener largas temporadas vacacionales, un sueldo excesivo y, por qué no decirlo, de no trabajar. El docente hace su trabajo, sigue las directrices que le marca la ley de turno, incluso rellena los interminables documentos burocráticos que le requieren sin olvidarse de dar su clase no siempre en las mejores condiciones (grupos muy heterogéneos, aulas masificadas, alumnos desmotivados,…) y les pedimos más. ¿A quién culpar de que el sistema educativo no funcione? Lo fácil es atacar al docente pero nos olvidamos de lo principal, a saber, la semilla nunca podrá crecer si no se planta en tierra fértil.